Del descubrimiento por parte de una niña al hallazgo de que las pinturas que se encontraban dentro pertenecían al paleolítico, las cuevas de Altamira significaron un cambio en el paradigma del hombre prehistórico, que se creía que no había realizado ningún tipo de arte.

¿Cómo se halló esta cueva?

  • Si te decimos que toda una seguidilla de casualidades, en las que un perro y una niña son los principales responsables del hallazgo de la cueva de Altamira, seguramente te sorprendas, pero es que así fue.
  • A tan solo 2 kilómetros de Santillana del Mar, en Cantabria, un asturiano fue el primero en darse cuenta de que existía allí una cueva y esto tuvo que ver con que dejó libre a su perro, que fue directamente hacia ese lugar, allá por el año 1868.
  • Este tejero decidió comunicar la presencia de una nueva cueva desconocida a la gente de su pueblo a su vuelta, pero todos consideraron que era otra de las grutas que se abren entre la roca, algo muy común en este tipo de paisajes.
  • Entre las personas que se enteraron de esta noticia que llevó el tejero, cuyo nombre era Modesto Cubillas, se encontraba una personas de la alta sociedad y dueño de tierras en aquella zona llamado Marcelino Sanz de Sautuola, quien quedó particularmente maravillado con la posibilidad de que esto se tratara de algo más que de una simple gruta, debido a su afición por la paleontología.
  • La visita de este hombre a aquella cueva quedó en el tintero y sería recién en 1876 cuando iría a inspeccionar, sin encontrar rasgos diferenciales de algún tipo de construcción realizada por el humano.
  • Fiel a sus conocimientos en paleontología, Sutuola regresó a esta cueva con el objetivo de realizar algunas excavaciones en busca de restos humanos prehistóricos, pero en este caso fue acompañado por su hija, quien por pura curiosidad logró llegar a una de las salas que se encontraba en la parte lateral de esta cueva y contempló un increíble conjunto de pinturas de diferentes figuras, entre las cuales se reconocían animales muy particulares.
  • Este descubrimiento sorprendió gratamente a Sautuola, que decidió realizar una publicación científica explicando el arte pictórico que se encontraba dentro de la cueva y profesaba la idea de que estas tenían un origen prehistórico, pero no encontró buenas repercusiones por parte de los expertos en paleontología de la Universidad de Madrid, quienes desestimaron que estas pudieran pertenecer a tan remota era de nuestra existencia.

El Siglo XIX fue el momento del descubrimiento

La cueva de Altamira todavía no había sido descubierta y junto con esta falta de conocimiento también estaba la de pensar que el hombre de la prehistoria había podido realizar algún tipo de arte pictórico.

Esta descreencia se debía a que se pensaba que el salvajismo de los seres humanos de aquella era les impedía tener los recursos necesarios para generar algún tipo de obra artística. Claramente estábamos equivocados.

Todo ese paradigma del salvajismo en el hombre prehistórico cambió sustancialmente cuando se llegó al descubrimiento de esta cueva de Altamira, para ser considerado una clase de ser humano con las herramientas y la sensibilidad artística que mucho tiene que ver con los humanos civilizados.

Algo que sin duda puso a nuestros antepasados más lejanos en el lugar de antecesores de una calidad artística especial que se tuvo a lo largo de los siglos y los milenios.

El hallazgo de esta cueva fue un antes y un después en la historia del arte, que tuvo que retrotraerse hasta esa época para comenzar a nombrar su historial, pero esto no sucedió hasta el Siglo XIX y una niña tiene el título de ser la descubridora de esta cueva y todo este arte.

El debate entre la religión y la ciencia

De la misma manera que hasta aquel entonces, en el Siglo XIX, la teoría de Darwin todavía era mal vista por la sociedad, por los aspectos religiosos que ponían a la creación a la evolución en un lugar en el que Dios los había ocasionado, también pasó esto con el arte rupestre encontrado por este aficionado a la paleontología.

La reconsideración de la postura de los primeros que desestimaron el descubrimiento inicial, llegaría cuando en 1895 se encontraran pinturas similares en unas cuevas de Francia y esto daría origen a una vuelta a la cueva de Altamira por parte de Émile Cartailhac, el primer detractor y escéptico del descubrimiento de Sautuola.

Sería recién en 1902, con un Sautuola ya fallecido algunos años antes, que Cartailhac reconocería que estas cuevas fueron el primer y más grande hallazgo de arte rupestre de la prehistoria en el mundo y uno de los más importantes hasta el momento, mediante una publicación a la que denominó “La cueva de Altamira: Mea Culpa de un Escéptico”.

Allí se descubrió que la cueva había sido utilizada por más de 20 años y que sus registros pictóricos pertenecen a todos esos años de estancia de los seres humanos allí.

Estas son las curiosidades del descubrimiento de las pinturas de la cueva de Altamira. Uno de los hallazgos importantes, que con el paso del tiempo y en momentos históricos, se ha llegado a la conclusión de los milenios que guarda su arte.